Oda al amor de hombre
Un hombre que ama
Es cualquier esquina oscura
Elevada a la condición de altar.
Así recuerda el infeliz:
“Aquí, donde dos caminos se cruzan
Me dejaste, en plena lluvia, plantado
Me dijiste que no, Me engañaste”
Un hombre que ama
Son unos ojos estúpidos
Llorando a cualquier dirección
De preferencia hacia el mar
Pero aquí que no hay mar
lloramos hacia la luna enloquecida
Un hombre que ama
adora resignado
Los defectos de su amada
De su niña bonita
De su conejita idiota
Tolera carteras horrorosas
Zapatos blancos que no combinan con nada
Miradas azotadas con desprecio
Maquillaje de noche utilizado de día
Admite, cómo no,
Comentarios clasistas
Comentarios elitistas
Comentarios racistas
Cometarios ultracatólicos
Silencios largos y atronadores
Frases de desgarradora ignorancia
Compromisos estéticos con la izquierda
Esnobismos de cigarrillo mentolado
Emanaciones de almas fenicias
Eso tiene que soportar el hombre que ama
Eso y, peor aun:
el buen gusto de su amada
su ÉXITO absoluto sin él
Su inteligencia
Ah, como duele la inteligencia de la amada
Puñal sangriento get in get out
Cómo duele su sabiduría, su frente de mandataria
su total y absoluta independencia
No queda ni el consuelo de la imperfección
Un hombre que ama escucha tiritando
Las aventuras sexuales de su amada
Descripciones agudas y sabias de falos ajenos
“Te cuento esto porque eres mi mejor amigo”
Y el desventurado no entiende
Que lo está haciendo todo mal
El hombre que ama
No entiende, precisamente eso:
Que lo está haciendo todo mal